De alma débil,
de coraje cegado, que si de cobarde se tratase cumpliría todos los parámetros,
demasiado extraño, para poder ser comprendido, pues de quien sombras nace, a
sombras vuelve sus verdaderos amigos, y es que es extraño ser real, en un mundo
ficticio, y analizar lo que pasa, lo que ha pasado, y lo que aun no ha
sucedido, pero es cierto, más cierto que esta voz hablándote en este momento.
Despertar, en
un sueño, es un incomprensible lio, y si a esto agregamos el dolor de cabeza
que afecta a tu visión y hasta a tu oído, aun así, a pesar de esta ceguera,
quien sabe si momentánea, es fácil distinguir, un claustrofóbico cuarto oscuro,
con paredes rojas, y suelo defectuoso,
estas solo, raramente solo, con una estera áspera en la cual sigues
acostado, levantarte es vital, vital en lo completamente necesario, pues la
curiosidad te llama, y es que esta nunca mata, sino enseña y corrige, claro que
con dificultades, pues movilizarte hacia la puerta tambaleándote ya es
suficiente como para empezar a desistir de tu objetivo, y al abrirla lentamente
con cierta emoción y temor, encuentras un pasillo largo, no menos oscuro que la
anterior habitación, por suerte tu confusión a empezado a sanar.
Detalles, es
lo primero que los humanos buscan al retomar el conocimiento tan ansiado y tan
necesario para dejar de sentir temor, y lo primero que encuentras, ¿cadenas?,
perfecto, aunque sin preguntarte el ¿por qué? Sigues, por ese oscuro y largo
camino que cada vez se vuelve más y más pequeño.
Cada paso,
arrastra una pena, pena incomprensible que gracias al misterioso letargo no
logras recordar, sin embargo ideas fugaces que vienen y van, te oprimen, te
secuestran, te tiran, te privan, te martirizan, te castigan, te destruyen para
después reconstruirte y dejarte a la deriva, de un mar monstruoso, el cual
lleva sangre por agua, y olas desoladoras, que todo lo que tocan corrompen, sin
embargo, has caminado hasta la orilla para beber un trago del fruto prohibido,
del vino corrupto, y de la ostia carnal.
Llegas a una
puerta, pequeña, estrecha, y para derramar la copa, las cadenas, cual
serpientes constrictoras hambrientas desde hace tiempo escalan por tu cuerpo,
tratan de ahogarte, y cada vez se multiplican, y cada vez trepan más. Al
abrirla encuentras un cuarto, no tan grande, no tan pequeño, no tan luminoso,
no tan oscuro, con una mesa en el centro, cuatro sillas de madera, una de
ellas, para un bebé estaba preparada, la mesa estaba servida, con todos los
platos cubiertos, por un lúgubre metal corroído, y es impactante, nuevas
imágenes llegan a tu cabeza, ¿una daga?, ¿gritos?, son de adulto, son de
niño... De pronto, la imagen de una pareja, y un niño, te resulta tan familiar,
tan cercana y tan lejana a la vez, y con tus ojos llenos de lagrimas, y tu
garganta seca y sangrante, apenas eres capaz de articular sollozos, pues la
verdad se ha vuelto más clara, y más fuerte que nunca, sin embargo la duda
sigue reinando, en ti, y las cadenas, que malditas sean ellas han llegado a tu
pecho, han llegado a tu corazón.
Sin basilar
sales corriendo, negando una y otra vez aquella idea que por tu mente había
divagado, y es que más que un sueño, esto era un limbo, esto era una cruel
realidad, que no perdona pero ataca, consume, y mata, nunca creas que esta es
benevolente pues la verdad es que disfruta alargar el sufrimiento de los
humanos. Las cadenas te están consumiendo, y arrastrándote sobre un suelo que más
que escombros contiene mugre y restos, de aquellos que alguna vez fueron, pero
que por culpa de un hombre han dejado sus esperanzas lejos, se han sumergido en
ese mar del que el Adán y no la Eva ha probado su mal, para condenar a los
justos, y reprimir a los pecadores.
Has llegado al
umbral de un cuarto, más amplio que el anterior, sin embargo al entrar, se
cierra la única salida, y el cuarto empieza a comprimirse, las cadenas han
llegado a tu mente, entonces te susurran la verdad, y te das cuenta, que no es
la primera vez que allí llegan, y es que en ese lugar han estado siempre,
reprimiéndote, privándote de la libertad de una sociedad, que pinta paisajes en
sus pequeñas celdas, en las cuales pasan el resto de sus vidas, y es que allí
estuvieron, desde que tus padres desaparecieron, desde que tus hermanos
enloquecieron, y tus conocidos perecieron, y tu, el niño más educado, el niño más
cuerdo, a quien siempre lo premiaban por estar sentado y quieto, mientras no
molestaras, serias bueno, y es que esa es la doctrina que impartiste, a lo que
era tu sucesor, pues allí estaban esas cadenas, que hasta en la llanura más
amplia te mantenían preso, que controlaron tus manos, que controlaron tu
cuerpo, que tomaron el cuchillo y cometieron el sacrilegio, pues nunca fuiste
tu, fueron ellas, forjadas por las sombras pues estabas a gusto con ellas, y
ahora duerme, súmete en el letargo eterno, pues la llave has bebido, para
permanecer en aquel infierno, en donde siempre has querido estar, pues serás más
libre que en este lugar, ya que al morir nos liberamos, de aquellas cadenas
llamadas sociedad, que nos privan del verdadero mundo, de este mundo real.
Tus ojos están
pesados, empieza de nuevo el sueño, ve a encontrarte con los tuyos, los que has
condenado, pues redimirte no podrás, y serás por toda la eternidad desgraciado,
del mar prohibido has bebido, y este te consume, en este permanecerás ahogado.
“16 de marzo de
2016, en el edificio ubicado entre la calle Forge y Av. R. Carter, se ha
registrado un asesinato, un padre sin antecedentes penales, aunque con un
historial psicológico, que deja mucho de que hablar, sin motivo aparente tomo
un cuchillo de cocina y lo utilizo contra su familia, asesinando así a su
esposa quien se encontraba en cinta, y a su hijo de 4 años, sin embargo un crimen
impactante que aqueja de nuevo al barrio, el asesino se suicido usando una
sustancia, que induce somnolencia a la victima para matarla cuando está en
sueño profundo, lo llaman ¨Sueño Mortífero¨ y se prohibió en la mayoría de
países, aun se desconoce como llego a parar a las manos de aquel sujeto.”
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