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El Sueño de Cualquier Mortal Creado por: Jose Balseca


De alma débil, de coraje cegado, que si de cobarde se tratase cumpliría todos los parámetros, demasiado extraño, para poder ser comprendido, pues de quien sombras nace, a sombras vuelve sus verdaderos amigos, y es que es extraño ser real, en un mundo ficticio, y analizar lo que pasa, lo que ha pasado, y lo que aun no ha sucedido, pero es cierto, más cierto que esta voz hablándote en este momento.

Despertar, en un sueño, es un incomprensible lio, y si a esto agregamos el dolor de cabeza que afecta a tu visión y hasta a tu oído, aun así, a pesar de esta ceguera, quien sabe si momentánea, es fácil distinguir, un claustrofóbico cuarto oscuro, con paredes rojas, y suelo defectuoso,  estas solo, raramente solo, con una estera áspera en la cual sigues acostado, levantarte es vital, vital en lo completamente necesario, pues la curiosidad te llama, y es que esta nunca mata, sino enseña y corrige, claro que con dificultades, pues movilizarte hacia la puerta tambaleándote ya es suficiente como para empezar a desistir de tu objetivo, y al abrirla lentamente con cierta emoción y temor, encuentras un pasillo largo, no menos oscuro que la anterior habitación, por suerte tu confusión a empezado a sanar.

Detalles, es lo primero que los humanos buscan al retomar el conocimiento tan ansiado y tan necesario para dejar de sentir temor, y lo primero que encuentras, ¿cadenas?, perfecto, aunque sin preguntarte el ¿por qué? Sigues, por ese oscuro y largo camino que cada vez se vuelve más y más pequeño.

Cada paso, arrastra una pena, pena incomprensible que gracias al misterioso letargo no logras recordar, sin embargo ideas fugaces que vienen y van, te oprimen, te secuestran, te tiran, te privan, te martirizan, te castigan, te destruyen para después reconstruirte y dejarte a la deriva, de un mar monstruoso, el cual lleva sangre por agua, y olas desoladoras, que todo lo que tocan corrompen, sin embargo, has caminado hasta la orilla para beber un trago del fruto prohibido, del vino corrupto, y de la ostia carnal.
Llegas a una puerta, pequeña, estrecha, y para derramar la copa, las cadenas, cual serpientes constrictoras hambrientas desde hace tiempo escalan por tu cuerpo, tratan de ahogarte, y cada vez se multiplican, y cada vez trepan más. Al abrirla encuentras un cuarto, no tan grande, no tan pequeño, no tan luminoso, no tan oscuro, con una mesa en el centro, cuatro sillas de madera, una de ellas, para un bebé estaba preparada, la mesa estaba servida, con todos los platos cubiertos, por un lúgubre metal corroído, y es impactante, nuevas imágenes llegan a tu cabeza, ¿una daga?, ¿gritos?, son de adulto, son de niño... De pronto, la imagen de una pareja, y un niño, te resulta tan familiar, tan cercana y tan lejana a la vez, y con tus ojos llenos de lagrimas, y tu garganta seca y sangrante, apenas eres capaz de articular sollozos, pues la verdad se ha vuelto más clara, y más fuerte que nunca, sin embargo la duda sigue reinando, en ti, y las cadenas, que malditas sean ellas han llegado a tu pecho, han llegado a tu corazón.
Sin basilar sales corriendo, negando una y otra vez aquella idea que por tu mente había divagado, y es que más que un sueño, esto era un limbo, esto era una cruel realidad, que no perdona pero ataca, consume, y mata, nunca creas que esta es benevolente pues la verdad es que disfruta alargar el sufrimiento de los humanos. Las cadenas te están consumiendo, y arrastrándote sobre un suelo que más que escombros contiene mugre y restos, de aquellos que alguna vez fueron, pero que por culpa de un hombre han dejado sus esperanzas lejos, se han sumergido en ese mar del que el Adán y no la Eva ha probado su mal, para condenar a los justos, y reprimir a los pecadores.
Has llegado al umbral de un cuarto, más amplio que el anterior, sin embargo al entrar, se cierra la única salida, y el cuarto empieza a comprimirse, las cadenas han llegado a tu mente, entonces te susurran la verdad, y te das cuenta, que no es la primera vez que allí llegan, y es que en ese lugar han estado siempre, reprimiéndote, privándote de la libertad de una sociedad, que pinta paisajes en sus pequeñas celdas, en las cuales pasan el resto de sus vidas, y es que allí estuvieron, desde que tus padres desaparecieron, desde que tus hermanos enloquecieron, y tus conocidos perecieron, y tu, el niño más educado, el niño más cuerdo, a quien siempre lo premiaban por estar sentado y quieto, mientras no molestaras, serias bueno, y es que esa es la doctrina que impartiste, a lo que era tu sucesor, pues allí estaban esas cadenas, que hasta en la llanura más amplia te mantenían preso, que controlaron tus manos, que controlaron tu cuerpo, que tomaron el cuchillo y cometieron el sacrilegio, pues nunca fuiste tu, fueron ellas, forjadas por las sombras pues estabas a gusto con ellas, y ahora duerme, súmete en el letargo eterno, pues la llave has bebido, para permanecer en aquel infierno, en donde siempre has querido estar, pues serás más libre que en este lugar, ya que al morir nos liberamos, de aquellas cadenas llamadas sociedad, que nos privan del verdadero mundo, de este mundo real.
Tus ojos están pesados, empieza de nuevo el sueño, ve a encontrarte con los tuyos, los que has condenado, pues redimirte no podrás, y serás por toda la eternidad desgraciado, del mar prohibido has bebido, y este te consume, en este permanecerás ahogado.





“16 de marzo de 2016, en el edificio ubicado entre la calle Forge y Av. R. Carter, se ha registrado un asesinato, un padre sin antecedentes penales, aunque con un historial psicológico, que deja mucho de que hablar, sin motivo aparente tomo un cuchillo de cocina y lo utilizo contra su familia, asesinando así a su esposa quien se encontraba en cinta, y a su hijo de 4 años, sin embargo un crimen impactante que aqueja de nuevo al barrio, el asesino se suicido usando una sustancia, que induce somnolencia a la victima para matarla cuando está en sueño profundo, lo llaman ¨Sueño Mortífero¨ y se prohibió en la mayoría de países, aun se desconoce como llego a parar a las manos de aquel sujeto.”

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