Se escuchaban gritos a lo largo del
frío y húmedo pasillo del manicomio, mientras Teo recordaba el incidente del
92. Poco a poco su vista se nubló y cayó en el mundo del recuerdo: era una fría
tarde de invierno, él se encontraba como todas las tardes tomando una taza de
café pasado muy caliente, con dos cucharaditas de azúcar justo como le
encantaba, junto a sus compañeros inspectores en el manicomio del distrito,
eran recuerdos tan claros, sonaba “Superstition de Stevie Wonder” en la radio,
cuando de repente una ventana se rompió en el segundo piso, era un hombre que
sufría de Síndrome de Cotard. Había saltado sin pensarlo dos veces, pensando
que había sido mutilado por uno de sus compañeros; muchos dicen que fue error
de los médicos por no poner las respectivas seguridades en aquella camisa de
fuerza, hay quienes culpan al arquitecto del lugar por no poner rejas en las
ventanas, pero qué se puede decir de alguien que vive en una sociedad llena de
libertades y de igualdad, después de todo estos dos términos siempre deben
tener ciertos límites y excepciones.
Lo que Teo nunca va a olvidar de
ese día es la impresionante imagen que vio desde el cuarto 201, era el cuarto
del paciente que había saltado, la imagen de ese momento era algo difícil de
explicar, el cuerpo despedazado y sin vida del joven, estaba esparcido por todo
el pavimento, se encontraba desmembrado e irreconocible, aquel no era el gran
amigo que Teo recordaba, no era el joven con el que compartió su infancia, no
era aquel amigo con el que hablaba día y noche sin parar.
Las autoridades nunca dieron
importancia a qué pasó realmente, para ellos era solo un loco menos, pero poco
a poco la pregunta de Teo era: ¿Y si ellos son los locos aquí?, lo único que
habitaba en la mente de Teo era confusión, él nunca supo qué sucedió realmente
con su amigo, solo le quedaba recordar con dolor las tardes que compartió con
él y todos los momentos que estuvo a su lado para contarle todo lo que pasaba a
su alrededor.
Poco a poco Teo regresaba a la
realidad, siempre que recuerda aquel suceso, al regresar a la realidad tiene
dolor de cabeza, algo normal, ya se acostumbró, decidió ir con sus compañeros
guardias para pedirles una pastilla, ya todos sus compañeros sabían que hacer
en estos casos, Teo tomó la pastilla y poco a poco cayó dormido. Al despertar,
Teo se encontraba en una camilla atado con una camisa de fuerza, había sido
engañado por quien se había ganado su confianza. Desesperado empezó a gritar,
estaba desquiciado, sus cuerdas bucales se irritaron poco a poco por los
fuertes gritos y alaridos que pegaba, hasta quedarse parcialmente mudo,
ofuscado y sin voz, con lágrimas en los ojos por el ardor de garganta que cada
vez incrementaba, decidió levantar la cabeza y ver qué tenía en frente.
Lo único que pudo ver era un papel demasiado
mal redactado, el cual decía “Theodor
Higgins, Fecha de ingreso: 30 de abril de 1992, Causa de ingreso:
esquizofrenia”.
Al leer esto Teo creyó que era una
broma de sus compañeros, era algo común en ellos hacer bromas de este tipo en
horas de trabajo, pero poco a poco al ver las medicinas y la camisa de fuerza
que rodeaba su cuerpo Teo empezó a temer sobre quien era realmente. Tantas
ideas cruzaron por su cabeza en aquel momento, por un instante se relajó
recordando como eran sus compañeros, siempre tenían la maña de jugar bromas
pesadas, ¿Qué más podían hacer en un manicomio?
Poco a poco Teo iba recuperando la
compostura y se iba dando cuenta de que su mundo se sentía mas relajado, era
ilógico que tenga esquizofrenia, si la tuviera no trabajaría en aquel lugar ni
se relacionaría tan bien con sus compañeros de trabajo, pasaron solamente horas
de charla con sus compañeros para que Teo vuelva a encontrarse en una camilla
amarrado por una camisa de fuerza, él se encontraba demasiado confundido, ¿Cómo
puede ser posible que aparezca postrado en una camilla de un momento a otro? Se
preguntaba Teo mientras mordía sus labios con una cara de angustia y
desesperación.
Al despertar Teo se dio cuenta de
que a su derecha en un velador había un frasco de Asenapina, aquel nombre le sonaba familiar, y de golpe le vino a la
mente el recuerdo de su amigo que saltó del segundo piso de aquel terrorífico
manicomio, recordó que a él lo medicaban con aquellas píldoras, pero no
entendía por qué estaban en su habitación. Poco a poco Teo empezó a caer en un
sueño pesado que lo llevó con sus compañeros, de nuevo Teo se sintió como en
casa, ya no sentía temor ni remordimiento pero le parecía un poco rara la
escena que vio: sus compañeros a su lado gritándole que deje de vivir, que ya
no tenía sentido la vida, que nada tenía sentido, sus amigos le hicieron creer
que era lo peor del mundo, harto de esto, Teo tomó sus cosas y al querer huir del
manicomio cayó por las gradas golpeándose la cabeza.
Teo no podía mas con esto, estaba
decidido a hacer lo que su amigo había hecho en el incidente del 92, Teo solo
quería ser libre, quería tener lo mismo que los chicos que jugaban en el parque
de en frente, quería tener un amigo como el que algún día tuvo.
Tomando la decisión de quitarse la
vida Teo se levantó de la cama, aún atado los brazos con aquella ajustada e
incomoda camisa de fuerza se colocó frente a la ventana de la blanca y fría
habitación para saltar, tomando viada y con los ojos cerrados corrió hacia
ella.
Al abrir los ojos Teo se encontraba
en el suelo de aquella terrorífica habitación, no había logrado concluir el
acto, al tomar viada tropezó con una caja en el suelo, aquella caja decía “Teo 1982” en su parte delantera,
entusiasmado pensando que todo iba a terminar Teo intento abrir la caja pero
con las manos atadas cada movimiento era doloroso, lleno de curiosidad lleno su
boca de saliva y empezó a morder la caja hasta despedazarla, todo esto
procurando no dañar lo que aquella caja contenía.
Ya con miles de pedazos de cartón
en el suelo lo primero que vio fue una carta que decía “Theodor Higgins”, en ese preciso momento Teo se sintió impotente,
tenía miedo de mojar aquella carta con saliva, con mucho cuidado la dejó en el
suelo y se apartó un poco, retiro sus medias con os dientes y empezó a abrir el
sobre lentamente extendiendo el papel que había dentro en el suelo para de esta
manera poder leerlo. Después de tanto esfuerzo Teo se recostó en el suelo a
leer la carta, antes de leerla tomó aire llenando sus pulmones y pensó “Quizás
esto me haga recapacitar antes de abandonar este mundo por aquella ventana” Y
empezó la lectura… Mientras mas avanzaba aquella carta la cara de Teo iba
perdiendo color, su rostro no era el mismo, su expresión facial de curiosidad
cambió drásticamente a una expresión llena de sorpresa y miedo.
Caía la noche y Teo leía una y otra
vez aquella carta pensando que era mentira, pero mientras más veces la leía iba
completando una parte mas de su vida, pero sobre todo una palabra retumbaba en
su cabeza: “Esquizofrenia” no podía creer lo que aquella carta decía, empapado
en llanto tomó viada y sin pensarlo dos veces saltó por aquella ventana
estrecha hacia la avenida.
Aquella noche lluviosa al levantar
el cuerpo de Teo, solo se podía observar un tumulto de gente y una hoja de
papel en la mano de Teo la cual decía: “Querido Teo, puede que no comprendas
que sucede ni por qué te llevan aquellos sujetos, pero hijo siempre recuerda que
aunque no nos recuerdes estaremos pensando en ti, espero que el día que leas
esto estés consciente de todo lo que estas viviendo y que no sea uno más de tus
ataques de locura, entiende que esto es por tu bien, hoy 30 de abril de 1992
nos despedimos deseándote lo mejor, te estaremos esperando en un lugar mejor,
nosotros partiremos hoy y esperamos que cuando tu lo hagas sepas lo que vas a
hacer porque aquel día vas a conocer a quien te dio la vida y te amó sin
siquiera verte día a día, ayer te diagnosticaron esquizofrenia, me hace feliz
saber que tienes un amigo con el que te diviertes día y noche y que cuentas con
el para todo, espero que el siempre esté a tu lado, te amamos Teo, te espero en
un lugar mejor. Con amor: Mamá”
Comentarios
Publicar un comentario